domingo, 19 de febrero de 2012

2. Me encanta buscar el amor en tu piel.

Es cierto, deslizarme sobre tu piel para encontrar riachuelos de cariño es una de las metas de mi vida. De tu cuerpo nacen afluentes de chocolate, pequeñas dosis del amor que acabas entregándome. Quiero beber de ti más y más, hasta obtener el mar de sensaciones que sólo tú podrías conseguir para mí.
Por eso, cuando tus labios se acercan a los míos, me cuesta respirar. Porque se que lo importante es beber, obtener todo el amor que pueda de ti, sentir tu boca contra la mía hasta perder el aliento. Pierdo la noción del tiempo cuando me besas.
Tus labios me atraen, me atrapan, y cuando empezamos un duelo de caricias, mi boca se niega a perder. Así que desenvaino mis brazos y te rodeo.Te reto a atrapar mi lengua mientras intento tomar de tí más y más pasión.
Al final, el desenlace es variado. A veces sonrío, y te gano, y me tumbo a tu lado en la cama acariciando tu brazo. Mi recompensa es cada caricia que me dedicas mientras susurras un "te quiero". Otras, me miras, y ya me he rendido. Entonces vuelves a besarme, para recordarme que soy tuya, y yo me dejo llevar. ¿Sabes? si me llevaras al infierno, iría. Tus besos podrían mandarme al mismísimo fin del mundo.
Cuando ocurre, todo mi cuerpo se estremece bajo tus caricias y tus besos. La ropa empieza a pesar y tu pelo se dispersa como flotando sobre mis hombros, y el mío sobre los tuyos. Así es como empieza a olvidárseme el límite en el cual empieza mi cuerpo y acaba el tuyo, sin casi percatarme.Tus ojos se entrecierran y me sonríes, deseando continuar. Yo cojo aire y río, enamorada.
Trato de acercarte más, tanto aire entre nosotros me mata. El edredón entonces parece más suave. Tus lunares saltan sobre tu piel como gotitas de chocolate, se regocijan y corretean por ti; dándome a entender que chocolate está presente en este momento, que la pasión ha encendido la llama. Tus caricias son más cálidas, tus sonrisas se camuflan entre pequeños jadeos. A ambos nos cuesta respirar, porque estamos demasiado lejos, necesitamos más.
El chocolate fluye por nuestras venas y nuestros besos nos dan de beber. Mi corazón palpita, me recuerda cual alarma que debo acercarme más. Le obedezco, y tú obedeces al tuyo. Estamos juntos, mucho. Ya ni tan siquiera nos separan las telas. El edredón incluso ha quedado aparte, y todo empieza a arder.
Cuerpo contra cuerpo, volvemos a la lucha. Rodamos sobre la cama rodeados de dulzura y fuego, las caricias del otro nos queman. Tú te sientes fuerte, entre las llamas; y yo necesito arder por completo. Me siento una hoguera, tengo sed y tú eres mi agua.
Te miro con ojos de gacela herida, y tú a mí con las mismas ganas que un león de devorar a su presa. Los gemidos se convierten en canción, entonces la melodía empieza... y solo nosotros sabemos como acabará. Las notas se derramarán junto con nosotros. Corcheas deshechas en chocolate fundido al fuego.
Cuando todo acaba (aunque tan sólo sea una pausa para el siguiente encuentro) sólo me queda mirarte, feliz de haberte probado, de haber encontrado el brillo que le faltaba a mis ojos. Si, te deseo ¿y qué? acariciar tu pentagrama, devorarte, es una delicia.

domingo, 12 de febrero de 2012

1. Ese lunar que se escapa

Mira en tu brazo, probablemente esté ahí. Ese lunar que tan loca me tiene. Lo miro, estoy segura de haberlo visto, y de pronto desaparece. Juega a escaparse de mí, a escalar hasta tu hombro y resbalar por tu espalda.
Entonces lo encuentro, aparece como por arte de magia en tu cuerpo. Esta vez se ha posado en tu cuello. Noto cómo me sonríe, y siento que me derrito, me hace temblar.
Quisiera poder atraparlo, acariciarlo con mis dedos, no perderle de vista.
Admito que al principio pensaba que todo era debido a que no me fijaba bien, a que siempre cierro los ojos cuando te beso. Al besarte se me olvida todo lo que hay fuera, y pensaba que era por eso que al abrir los ojos ya no recordaba dónde estaba cada cosa.
Pero no, estoy absolutamente segura de que ese lunar me evita. Le encanta que recorra tu cuerpo, que vaya en su busca. De hecho a veces creo que tú mismo te das cuenta y dejas que acapare mi atención.
Tal vez no te hayas fijado, pero ese lunar es traicionero. Muchas veces te quejas de lo que hago, pero lo que hago lo hago por él. Si te hago cosquillas, es para que rebote en tu pecho y poder verle aparecer. Cuando te pido hacerte pedorretas, es para que ese hermoso lunar se asome, curioso, y se tronche de risa cuando al verme poner cara de globo acercándome a ti.
Ese lunar parece querer salirse de tu cuerpo cuando me voy, y me da pena, porque quiero que se quede contigo y te cuide. Cuando nos enfadamos, se que ese lunar se pone triste, que no duerme, y que luego me guarda un poquito de rencor… pero luego te abrazo y sé que añoraba que lo abrazara también a él.
Fíjate, mírate el brazo, o debajo de la axila, o en tu espalda. Seguramente estará ahí, intentando asomarse para leer estas palabras, porque sabe que lo adoro. Seguro que está sonriendo, y solo de pensarlo creo que es tan dulce que si lo lamiera, se desharía en virutas de chocolate.
En realidad, ese lunar está compitiendo, porque todos tus lunares me emocionan. Todos y cada uno de tus lunares y pequitas saben que los adoro. Todos corretean por tu piel, y los envidio, porque quisiera poder recorrerte yo misma ahora.
Todos se esconden y aparecen cuando les place, vienen y van, me asustan y me sorprenden. Tus lunares me dan los buenos días cuando tú todavía estás dormido, me acarician a la vez que tus manos, y me arropan cuando hace frío y te acercas.
Son lunares mágicos, me tienen hechizada. No me canso de buscarlos, estoy atenta a cada centímetro de tu piel. Todos merecen un nuevo besito, aunque no se dejen atrapar (porque cada uno de tus lunares, es un trocito de amor, y el amor no se atrapa). Merecen un poquito de atención, porque cada uno de ellos es único.
Y tal vez esto parezca una excusa para recorrerte, y puede que lo sea porque ciertamente…me encanta buscar el amor en tu piel.

Prólogo

Hay algo que quiero contarte. No es nuestra historia, ya la conoces bien. No es una terrible descripción de porqué te quiero, llena de un montón de palabras retorcidas que intentan explicar lo inevitable.
Quiero contarte, hoy, la primera historia. Una historia que comenzará a explicarlo todo.