Es cierto, deslizarme sobre tu piel para encontrar riachuelos de cariño es una de las metas de mi vida. De tu cuerpo nacen afluentes de chocolate, pequeñas dosis del amor que acabas entregándome. Quiero beber de ti más y más, hasta obtener el mar de sensaciones que sólo tú podrías conseguir para mí.
Por eso, cuando tus labios se acercan a los míos, me cuesta respirar. Porque se que lo importante es beber, obtener todo el amor que pueda de ti, sentir tu boca contra la mía hasta perder el aliento. Pierdo la noción del tiempo cuando me besas.
Tus labios me atraen, me atrapan, y cuando empezamos un duelo de caricias, mi boca se niega a perder. Así que desenvaino mis brazos y te rodeo.Te reto a atrapar mi lengua mientras intento tomar de tí más y más pasión.
Al final, el desenlace es variado. A veces sonrío, y te gano, y me tumbo a tu lado en la cama acariciando tu brazo. Mi recompensa es cada caricia que me dedicas mientras susurras un "te quiero". Otras, me miras, y ya me he rendido. Entonces vuelves a besarme, para recordarme que soy tuya, y yo me dejo llevar. ¿Sabes? si me llevaras al infierno, iría. Tus besos podrían mandarme al mismísimo fin del mundo.
Cuando ocurre, todo mi cuerpo se estremece bajo tus caricias y tus besos. La ropa empieza a pesar y tu pelo se dispersa como flotando sobre mis hombros, y el mío sobre los tuyos. Así es como empieza a olvidárseme el límite en el cual empieza mi cuerpo y acaba el tuyo, sin casi percatarme.Tus ojos se entrecierran y me sonríes, deseando continuar. Yo cojo aire y río, enamorada.
Trato de acercarte más, tanto aire entre nosotros me mata. El edredón entonces parece más suave. Tus lunares saltan sobre tu piel como gotitas de chocolate, se regocijan y corretean por ti; dándome a entender que chocolate está presente en este momento, que la pasión ha encendido la llama. Tus caricias son más cálidas, tus sonrisas se camuflan entre pequeños jadeos. A ambos nos cuesta respirar, porque estamos demasiado lejos, necesitamos más.
El chocolate fluye por nuestras venas y nuestros besos nos dan de beber. Mi corazón palpita, me recuerda cual alarma que debo acercarme más. Le obedezco, y tú obedeces al tuyo. Estamos juntos, mucho. Ya ni tan siquiera nos separan las telas. El edredón incluso ha quedado aparte, y todo empieza a arder.
Cuerpo contra cuerpo, volvemos a la lucha. Rodamos sobre la cama rodeados de dulzura y fuego, las caricias del otro nos queman. Tú te sientes fuerte, entre las llamas; y yo necesito arder por completo. Me siento una hoguera, tengo sed y tú eres mi agua.
Te miro con ojos de gacela herida, y tú a mí con las mismas ganas que un león de devorar a su presa. Los gemidos se convierten en canción, entonces la melodía empieza... y solo nosotros sabemos como acabará. Las notas se derramarán junto con nosotros. Corcheas deshechas en chocolate fundido al fuego.
Cuando todo acaba (aunque tan sólo sea una pausa para el siguiente encuentro) sólo me queda mirarte, feliz de haberte probado, de haber encontrado el brillo que le faltaba a mis ojos. Si, te deseo ¿y qué? acariciar tu pentagrama, devorarte, es una delicia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario